Recetas históricas | Buñuelos de viento por Antonio Palomo
Llevamos a ebullición el agua con la mantequilla, la sal y el azúcar, creando una base equilibrada y aromática. En ese momento, incorporamos la harina poco a poco, trabajando la masa sin dejar de remover con un palote sobre el fuego, hasta que la harina quede perfectamente cocinada y la preparación se despegue con limpieza.
Cuando la masa esté bien seca y trabajada, la pasamos a otro recipiente. A continuación, añadimos los huevos, siempre a temperatura ambiente, de forma gradual y sin dejar de mezclar, permitiendo que la masa los absorba por completo antes de incorporar el siguiente. Con la mezcla ya uniforme, agregamos la leche y, después, el ron, trabajando el conjunto a mano o con ayuda de una máquina hasta obtener una textura lisa, untuosa y perfectamente ligada.
Calentamos abundante aceite en una sartén profunda hasta alcanzar los 160 °C. Introducimos la masa en una manga pastelera provista de una boquilla de 4,5 centímetros y preparamos una guía o soporte que nos permita cortar porciones regulares, buscando una fritura homogénea y una presentación cuidada.
A medida que se fríen, los buñuelos van tomando su forma característica antes de dorarse de manera uniforme por ambos lados. Cuando alcanzan el punto justo de color, los retiramos y los dejamos escurrir sobre papel absorbente.
Una vez hayan perdido el exceso de calor, los rellenamos al gusto: con nata pura edulcorada, crema pastelera, crema de chocolate, trufa, cabello de ángel o batata. También pueden servirse tal cual, ligeros y huecos, simplemente rebozados en azúcar, dejando que su textura aérea sea la auténtica protagonista.